Cambio de época
Por: Benito Joaquín Milanés.
A pesar de las siniestras y maquiavélicas energías de los gobiernos de Washington por silenciar lo que acontece en Cuba, su ejemplo desborda fronteras, cruza mares, y se impone a fuerza de compartir lo que se tiene, e ideas.
Los pueblos están reconociendo que la forma más justa para eliminar desigualdades, es uniéndose en torno a líderes que representen y velen por los intereses supremos nacionales, y se desmarquen de políticas onerosas y entreguistas.
Millones de hombres y mujeres del llamado subcontinente estan aprendiendo además, que solo marchando juntos se puede avanzar, y confirman que las divisiones solo contribuyen al triunfo de quienes las estimulan para beneficios imperiales.
Estamos ante un cambio de tiempos en una región que durante centurias fue subvalorada y explotada como pocas en el mundo, y cuna ayer de grandes hombres de acción y pensamiento, cuya fecunda reproducción hoy no debe extrañar a nadie.
Fidel, el más fiel discípulo de José Martí, y rebelde obstinado en la inevitabilidad de la victoria.
Hugo, con Bolívar en la mente y en la siniestra, cabalga uniendo naciones.
Evo, existe con la sabiduría, la fuerza y pureza de su raza.
Daniel, con Sandino siempre y ahora más sabio.
Correa, el economista marxista por convicción.
Todos esos líderes subrayan felizmente un cambio de época en los albores de un milenio que está llamado a ser testigo del definitivo mejoramiento humano, o de la desaparición de hombres y mujeres del planeta.
Este siglo no da para una tercera alternativa. Así de simple, de terrible.
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A pesar de las siniestras y maquiavélicas energías de los gobiernos de Washington por silenciar lo que acontece en Cuba, su ejemplo desborda fronteras, cruza mares, y se impone a fuerza de compartir lo que se tiene, e ideas.
Los pueblos están reconociendo que la forma más justa para eliminar desigualdades, es uniéndose en torno a líderes que representen y velen por los intereses supremos nacionales, y se desmarquen de políticas onerosas y entreguistas.
Millones de hombres y mujeres del llamado subcontinente estan aprendiendo además, que solo marchando juntos se puede avanzar, y confirman que las divisiones solo contribuyen al triunfo de quienes las estimulan para beneficios imperiales.
Estamos ante un cambio de tiempos en una región que durante centurias fue subvalorada y explotada como pocas en el mundo, y cuna ayer de grandes hombres de acción y pensamiento, cuya fecunda reproducción hoy no debe extrañar a nadie.
Fidel, el más fiel discípulo de José Martí, y rebelde obstinado en la inevitabilidad de la victoria.
Hugo, con Bolívar en la mente y en la siniestra, cabalga uniendo naciones.
Evo, existe con la sabiduría, la fuerza y pureza de su raza.
Daniel, con Sandino siempre y ahora más sabio.
Correa, el economista marxista por convicción.
Todos esos líderes subrayan felizmente un cambio de época en los albores de un milenio que está llamado a ser testigo del definitivo mejoramiento humano, o de la desaparición de hombres y mujeres del planeta.
Este siglo no da para una tercera alternativa. Así de simple, de terrible.
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